¿CASTELLANO O INGLES?
Idioma e Identidad

Los argentinos, con pocas excepciones, tienen en el lenguaje y en la comunicación, una sumisión hacia los galicismos y anglicismos. El idioma nacional es una especie de cédula de identidad respecto de sus hábitos culturales: casi todo se conoce y se caracteriza en términos extranjeros. Probablemente, esta "invasión" de lenguas extranjeras también crece a pasos agigantados en otras partes del mundo, sólo que en la Argentina se habla el menos castellano de todos los países con habla española. Basta con mirar la calle.
Así las cosas, cualquier persona que salga a recorrer las calles de cualquier ciudad argentina, puede visualizar que en lugar de aparecer el término en castellano, a la hora de describir un producto o una acción, impera el habla inglesa. Donde debería decir elenco, aparece casting. Los negocios, son "business", las facturas "cookies", el estacionamiento es "parking", y la lista sigue.
Más de 400 millones de personas hablan el castellano en el mundo, que nueve de cada diez son latinoamericanos, y que el idioma tiene más de 83.000 palabras, pareciera que eso no bastara, porque cada vez hay más vocablos en otros idiomas.
¿Está emergiendo una degradación lingüística imparable?, ¿el idioma inglés es más efímero que el castellano?, ¿Quién se oponga a esta especie de proliferación de palabras extranjeras, obstaculiza el intercambio global de las diferentes lenguas?, ¿Lo más conveniente es elegir libremente los términos?.
Mientras en los parlamentos de países como Francia y Alemania, se barajan cualquier cantidad de proyectos de ley sobre la defensa del idioma, en la Argentina poco se hace para responder a esos interrogantes.
Sea como sea, el idioma inglés posee un monopolio universal de los neologismos. Si antes en las universidades nacionales, el derecho y la economía tenían términos en latín y romano, los futuros economistas y abogados de hoy lo hacen en inglés. Palabras como target price y report survey reinan en tranquilidad bajo el ala educativa. Para los letrados, al momento de declarar la quiebra a una entidad o una persona, el término adecuado es "default".
Esta realidad no es ajena a los medios de comunicación. Garantes del manejo del lenguaje por naturaleza, los periodistas y comunicadores también sienten los efectos de esta globalización de idiomas con tendencia inglesa mayormente.
Atrapados en una suerte de abismo, los editores periodísticos, publicistas y empresarios son empujados a interactuar con la difícil tarea de "defender" el idioma nacional y a la vez adoptar el vocabulario de la calle, últimamente salpicado por el habla inglesa.