LOS
CONSUMIDORES Y LA GUERRA
Atrincherados
El Grupo McCann-Erickson, que tiene en su cartera las cuentas de Microsoft
y Coca-Cola, a través de su servicio de estudios del consumidor McCann Pulse, investigó
sobre el "Impacto de la Guerra de Irak en las Actitudes y Comportamientos del
Consumidor Global".
El exhaustivo estudio de mercado realizado en más de 30 naciones del mundo recomienda a
empresas norteamericanas e inglesas, que con relación a la imagen de sus productos en el
exterior despeguen todo lo posible las marcas de la bandera de sus países. Del mismo modo
aconseja reducir a la mínima expresión las alusiones a sus orígenes en los mensajes
comerciales, y sí poner énfasis en los lazos locales de cada mercado.
La sensación general de inseguridad respecto del alcance de la guerra y su impacto en una
economía mundial ya inestable, sientan las bases de las mayores preocupaciones
económicas en el mundo, revela el estudio. Los consumidores sienten que el costo del
petróleo subirá localmente y repercutirá en la suba del precio de todos los productos.
"A pesar de que las marcas
estadounidenses parecen hasta ahora seguir inmunes a la creciente ola de antiamericanismo,
es importante que las empresas de ambos países no digan nada que las vincule con
ellos", es la recomendación textual que hizo McCann a sus clientes.
"En lugar de eso hay que cargar a las marcas con la filosofía de "actuar
localmente", como fuertes empleadores y sponsors de las actividades comunitarias. Las
marcas que adopten y respeten las culturas locales, tanto en esas acciones como en las
comunicaciones de marketing, van a funcionar mejor en los tiempos que corren".
En esta línea y sin ir muy lejos, acá mismo, en la Argentina, McDonald's lanzó una
campaña de prensa donde el sentimiento antibélico es muy fuerte. La gráfica de
McDonald's muestra un Big Mac con el titular "Hecho en la Argentina", y hace
hincapié en la idea de que se trata de una compañía local que emplea a más de 10 mil
argentinos.
La investigación de McCann Pulse se basó en el monitoreo de las fuerzas sociales y
culturales que influyen sobre los consumidores en sus actitudes dirigidas a la publicidad
y las comunicaciones de marketing. Pulse evaluó los sentimientos de los consumidores y la
opinión de distintos expertos en marketing en más de 30 mercados. Las opiniones
corresponden en su mayoría al grupo de profesionales de veintitantos años de edad o
Career Builders y al de padres con hijos en edad escolar o Family Builders.
Guerra "Interior"
Las economías vinculadas por la
globalización, como las comunicaciones sin límites y el elevado tecnicismo bélico,
hacen del mundo un pequeño globo terráqueo donde el consumidor vive la guerra en forma
personal, dentro de sí mismo. En esa escala, donde los miles de kilómetros que los
pueden llegar a separar tanto de Irak como de los Estados Unidos se transforman en nada,
los consumidores pueden llegar a preocuparse por su empleo "porque trabajo en una
compañía americana" o porque "en tiempos de la Primera o Segunda Guerra
Mundial, acá en Brasil estabas tranquilo. No te llegaba la guerra. Pero supongamos que
lanzan la bomba química que Irak dice tener. Una guerra química podría ser fatal y
podría alcanzarnos en Brasil también".
Así es como la investigación de McCann-Erickson va citando parte de lo que piensan esos
consumidores impactados por la guerra, que ven modificar sus conductas por el temor de lo
que pueda pasar con Estados Unidos en este conflicto, que -a entender de una mayoría-
"parecería golpear más cerca de lo que llegaron guerras anteriores".
Esta apreciación de los consumidores que hace base en los actos terroristas del 11 de
septiembre de 2000 sobre el Wall Street Center e instala la idea de que esta guerra
tendrá alcances y consecuencias desconocidas, provoca que mucha gente crea posible que se
produzcan actos terroristas en sus propios países en respuesta a la acción militar de la
fuerza Aliada en Irak.
Esta expansión de la preocupación de seguridad entre los consumidores, que por su puesto
es también económica, alimenta la probabilidad de que muchos viajes internacionales
puedan ser suspendidos, principalmente los que tienen como destino los países árabes o
el mismo Estados Unidos. Entre estos, los de las aerolíneas americanas pueden llevar la
peor parte: ser los más cancelados.
Guerra y Vida Cotidiana
El impacto directo que una guerra
puede llegar a tener en sus vidas cotidianas preocupa por demás a los consumidores. En
este aspecto tiene que ver una economía mundial en red permanente a través de la
globalización. Al respecto, si bien un aumento en el precio del petróleo ocupa el centro
de atención de los consumidores en el mundo, la mayoría de ellos percibe que una guerra
con final a corto plazo contribuiría a oxigenar a un mercado demasiado inestable, para
luego instalar un clima que favorecería la recuperación del crecimiento.
En esta corriente de pensamiento, otros consumidores opinan que una guerra que era
inevitable será "la gota que rebalse el vaso" de una economía totalmente
debilitada. A partir de ahí, y bajo la hipótesis de un corto desenlace, existe la
esperanza de que la estabilidad mundial como la local se restablezcan. Tanto en una como
en otra postura, la incertidumbre económica deja estáticos a la mayor parte de los
consumidores.
Así es como muchos aguardan que el clima se calme para realizar inversiones o para
planificar sus vacaciones. Prefieren esperar y ver qué pasa en el futuro inmediato.
El sentimiento respecto de la guerra varía de un consumidor a otro del planeta. Mientras
en Singapur pueden llegar a pensar que "la guerra va a impactar en el precio del
petróleo y afectará a nuestra economía, que ya es demasiado mala", en la Argentina
llegan a sentir que "la guerra va a cambiar el mundo, pero nadie sabe exactamente
cómo". En algunos casos, incluso, el escepticismo no termina sólo con la guerra de
Irak, sino va más allá: "Si esta guerra termina, se viene la guerra de
Norcorea", opina un consumidor húngaro.
Cultura Local y Marcas
Del estudio de McCann Pulse surge que
aquellas marcas americanas con rica y amplia trayectoria en los mercados locales de todo
el mundo, integradas a las culturas de la industria local, permanecen generalmente inmunes
al sentimiento antiamericano, sin entrar a considerar su peso como tal, dado que se
sienten como locales.
Bajo este concepto, marcas como Coca-Cola, Pepsi, Levis y Timberland, Bruce Springsteen y
Michael Jackson, no se verán afectadas. Si bien son marcas que se identifican con los
Estados Unidos, al estar integradas al estilo de vida local, las chances de un boicot
importante casi no existen.
"Los argentinos pueden estar en contra de los Estados Unidos en cuanto a sus
decisiones en lo político y económico, pero sus marcas están totalmente integradas a la
cultura argentina, han estado en la historia argentina por tantos años que los argentinos
sienten que son propias.", consideran en nuestro país, según revela la
investigación.
A esta realidad se contrapone aquella donde los valores culturales locales se constituyen
en un obstáculo muy fuerte y difícil de vencer para las marcas americanas. Es ahí donde
se convierten en fácil blanco para las campañas de boicot. Tal es el caso de la mayoría
de las marcas de comidas americanas en Oriente Medio, donde son consideradas "poco
saludables pero apetitosas".
En otro orden se presentan aquellas marcas que acompañaron a los consumidores a lo largo
de su vida y las tienen incorporadas por completo. Marcas que pueden tener que ver con el
lavado de la ropa o el aparato de reproducción musical, a pesar de no cubrir necesidades
básicas, son consideradas irremplazables por sus consumidores. Estas "marcas de alta
calidad" no son objeto de boicots, justamente porque satisfacen "necesidades
emocionales". Así es como -pone en evidencia el análisis- en el mismo Medio Oriente
concluyen que "no podemos boicotear a la tecnología. Las marcas americanas son
superiores". De igual manera, estos consumidores expresan su deseo de "poder
sustituir algunas de las marcas que estamos acostumbrados a utilizar", pero también
entienden que "la calidad a la que nos acostumbramos es inalcanzable."
Recomendaciones de marketing
Enfatizar las raíces locales: Las
empresas americanas e inglesas no deberían cubrir sus banderas nacionales con sus marcas.
Sí, deberían "actuar como locales" y enfatizar fuertemente sus raíces locales
como empleadores y sponsors de obras de caridad y para la comunidad. Las marcas que
adoptan y respetan a las culturas locales por medio de ambas acciones y de sus
comunicaciones de marketing, hoy obtendrán mejores resultados.
Subrayar la responsabilidad de la
compañía: La gente está volviéndose más consciente de cómo las marcas se están
comportando en el contexto global y por ello habrá más presión sobre las marcas para
que comuniquen sobre sus acciones relacionadas con el medio ambiente, sus prácticas
laborales y sus contribuciones a la sociedad.
Combatir la impotencia del consumidor:
Las empresas deben demostrar que escuchan a sus consumidores, los cuales no se sienten
tomados en cuenta actualmente. Los marketers mundiales deben ayudar a los consumidores a
que se sientan más poderosos al comprar y usar marcas globales. Además, dadas las
inciertas condiciones en la economía, los consumidores buscan valor, durabilidad y
confianza en sus decisiones de compra.
Evitar mensajes políticos o usarlos
con gran cuidado: Las marcas americanas deben evitar vincularse a la política exterior de
los Estados Unidos. La separación que el consumidor global hace entre las marcas y las
políticas exteriores es delicada y no debe ser confundida con campañas de marketing.
Dar más peso a valores positivos
universales en lugar de asociarse al materialismo: Teniendo en cuenta que se trata de la
imagen establecida de una marca, las compañías globales deben transmitir los valores que
se oponen al "más grande es mejor" del materialismo -que será asociado
negativamente al gobierno americano por el consumidor global.
Los mensajes humanistas pueden mostrar que las marcas americanas son más que mero
consumo. Expresando optimismo o ideales universales de la humanidad -familia, salud,
etc.-, se acercarán a los consumidores globales y, al mismo tiempo, ayudarán a
recomponer su moral. |