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> Revista Nº 29<
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> MARZO 03 <
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Simultáneamente al desarrollo incesante de la especialización profesional en todos los campos de actividad, vivimos o sufrimos la transformación social resultante.
Día a día nos encontramos con formas particulares de encarar los desafíos que se suceden, con sujetos y especialistas más creativos que buscan adaptarse a las necesidades del ámbito donde ejercen su tarea; en definitiva, nos hallamos con mercados cada vez más segmentados profesionalmente, como forma superadora de la vertiginosidad que define nuestra aldea global, nuestra común sociedad tecnocrática.

Aunque, si miramos los recientes y aún presentes acontecimientos en oriente medio, cabe recapacitar hacia dónde vamos con tanto avance tecnológico, científico, estratégico; ¿a qué nos conduce este ritmo incansable de conocimientos aplicados, de herramientas poderosas, cuando sus usos le dan la espalda a la humanidad? No es nuestra intención tomar partido en el conflicto bélico, más allá de conocer de antemano el triunfador, sino hacer un planteo moral adaptado a nuestro trabajo conciente, reflexivo, técnico o intelectual, en otras palabras, a la responsabilidad social adquirida por el sólo hecho de ser integrantes de una comunidad.
Hasta aquí la idea puede parecer sumamente abstracta o filosófica, pero no es más que una forma de aprovechamiento de hechos no fortuitos, como aquel, para poder pensar desde otro lugar lo que casi rutinariamente realizamos como profesionales.

Quienes nos desarrollamos en el ámbito de la comunicación, tenemos un acceso prácticamente ilimitado a información vital para la planificación estratégica de nuestro trabajo. La cuestión es cómo utilizamos esa eficaz herramienta, cómo la compartimos hacia el interior de nuestra empresa en la concreción de resultados positivos, o visto desde otro lado, cómo le damos sentido a nuestra participación en este mercado; desde qué lugar social nos desempeñamos.
Podemos llegar así al cometido del Cip. Estamos convencidos de que el sentido de cooperación y solidaridad entre los socios, sumado el enlace de información proveniente del conjunto de integrantes del medio publicitario, todo ello aglutinado en servicios específicos, nos da una base de sustentación ética capaz de trascender como institución, pero, principalmente, nos otorga la tranquilidad de las cosas bien hechas, le da significado a nuestro trabajo profesional cotidiano.
En todos estos años nos fuimos adaptando a la evolución del mercado, gratamente con más aciertos que errores, pero siempre sin perder de vista hacia dónde vamos, teniendo como guía un objetivo institucional claro, bien definido: nuestro deber ético para con el mercado publicitario. Seguramente nuestro bien más preciado, más en tiempos de escasez moral.

Sabemos que la transformación social o la mismísima innovación de las sociedades es resultante del quehacer de todos extendido en el tiempo y sin importar en qué nos especialicemos, por eso planteamos que todos tenemos la obligación de mirar distinto, de participar sin quejarnos por el mal proceder de otros, de hacer autocrítica conciente, de resignificar lo que hacemos si aún no lo planteamos, para concebir tanto el mundo cotidiano como el planetario con mayor sensatez y humanidad.

Sergio J. Denevi / Presidente

 

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