92 AÑOS, 37 CON EL CIP
Carlos Trione, Ejemplo de vida

Se cuidó en aclarar que no había sido socio fundador del Cip, como si ello marcara alguna diferencia. Seguramente, si le hubieran preguntado unos pocos meses antes de su constitución como entidad si quería participar, él hubiera llevado adelante la idea generadora de lo que es hoy el Cip, más que ninguna otra persona. El tiempo así lo confirma.
Carlos Trione, un patriarca de la institución, es ejemplo de asistencia, trabajo, grandeza, sensibilidad y, sobre todo, valores humanos. Con sus nuevitos 92 años -nació el 9 de septiembre de 1911-, lleva 37 años consecutivos dando al Cip todo lo que en él es experiencia, vitalidad, conciencia y también su cariño.
En ese tiempo vio pasar integrantes de la comunidad publicitaria de todos los géneros, edades, caracteres, posturas y formas, y él mismo pasó de ser tesorero a protesorero, y de subsecretario a secretario y luego asesor vitalicio, cuando la empresa que representaba -Lowe Argentina- decidiera retirarse del ámbito de la cinepropaganda y, con ello, del Cip. El acta de Consejo Directivo del 8 de mayo de 1997 muestra la aprobación unánime de esa designación con la que Carlos no se iría nunca de nuestro lado.
Su vida no es todo Cip, aunque cada miércoles de reunión de consejeros parezca desmentirlo. Sus hijas y nietos, de quienes demuestra estar orgulloso, son la parte más importante de esta historia que hoy contaremos resumidamente, la que tiene facetas inusitadas para la mayoría de nosotros, aún cuando lo veamos periódicamente por el Cip.
Si la trayectoria del Cip tuviera nombre propio, sería el suyo.

Hombre de Cip

El 8 de mayo de 1966 fue su primer rúbrica en un acta del Cip. "Siempre sentí un gran cariño por el Cip porque lo he visto crecer". No desde acá ni tampoco de la calle Corrientes, sino de una habitación de la calle Perú, cuando recién se estaba engendrando", rememoró Trione. La institución de a poco fue creciendo -aseguró-... Fuimos creciendo de a poquito.
"Fui consecuente con el Cip toda mi vida. He tenido mucho cariño por la mayoría de su gente. Me considero muy afectuoso y por eso me alegro de encontrar gente así en el Cip", supo decir un Trione agradecido por la sensibilidad de sus pares.
Recordó puntualmente a Oscar Linari -presidente y socio fundador-, y a Alfonso Learreta, "que le dio el gran impulso con la compra de este edificio consiguiendo un crédito bancario".
"En mis 37 años aquí creo que pasaron más de 200 personas. Risso -por Raúl, nuestro Tesorero- ingresó 2 ó 3 meses después de creado el Cip. Así que también los vio", comentó Carlos junto a su compañero de siempre en la entidad.
"Nunca le conocí otro empleo a Raúl", indicó como tomándose un descanso de tanto Trione relatado. Y Raúl le contestó: "Asesoro a varias empresas, pero en relación de dependencia, estoy con Editorial Atlántida". Vale apuntar aquí la trayectoria de Raúl en la entidad, tan destacable como la de Carlos.
Para mi, la gente del Cip siempre ha sido amiga... Mis hijas siempre me lo reprochaban: '¿Qué pasa con el Cip que estás tan consustanciado?' -citó Trione-.
Va con esta nota el agradecimiento a su familia por el tiempo que nos permiten pasar con él.
Hablando del Cip, también supo recordar una frase alusiva que dio pie a la fundación como entidad: "La publicidad se pagaba mal, tarde o nunca"... ¡Y parece que fue ayer!

Lowe y Su

Carlos estudió en el comercial N° 1 y luego -nacida ya su primer hija- consiguió con gran esfuerzo y responsabilidad su título de contador no habilitante en una academia especializada. Por supuesto, trabajó en ese rubro.
En Lowe entré por la puerta grande -prosiguió contándonos-, fue lo mejor de mi vida, gané bien, y tenía una asignación especial que me permitió todos los años hacer un viaje al exterior con mi mujer... Me vinieron a buscar a una empresa donde trabajaba en el área contable. Entré de subgerente, luego fui gerente de administración financiera. Tenían 250 personas. Las primeras películas comerciales del país eran de Lowe.
Allí Carlos también vio transitar directores se originaron en esa escuela. Y también desfilaban todos los artistas. Hasta Susana Giménez. Trione aún recuerda haberle pagado un "bolo" de 200 pesos de aquella época (2000 de ahora, quizás) a inicios de los años 60, cuando no era reconocida, y cómo ella se lo agradeció. Pocos años después ya destacaba en la publicidad, luego en películas, y ganaba unos cuantos miles; cifras muy lejanas a los millones que significan ser la diva de la televisión.

La guerra

Conoció países, la tierra de sus padres, el mercado publicitario. También conoció la guerra.
La parte más impactante de esta entrevista llegó cuando, por casualidad, comentando que recorrió algunos países europeos, Carlos nos dijera -a Raúl Risso, que siempre lo acompaña, y a mi- que vivió en Italia mientras se desarrollaba la Primer Guerra Mundial.
Fue en 1914 que con sus padres -Pantaleón, originario de Bari, y Nicoletta, de Udine- y su hermana Antonia, partieron a Italia, que estaba convocando a los hijos residentes en el mundo a ayudar en la guerra que acababa de iniciarse. Carlos tenía sólo 3 años.
Viajaron un mes en el vapor y apenas tocaron puerto separaron a su padre y lo enlistaron en el ejército italiano.
Carlos, junto a su madre y hermana fueron a vivir a la casa que su familia aún conservaba en Génova, y que estaba siendo cuidada por Lucía, la criada de la abuela tiempo atrás.
Su mamá muy temerosa, era siempre alentada a seguir adelante por Antonia, y encontró en Lucía una madre en quien sostenerse para atravesar aquella difícil etapa donde debía criar a sus pequeños hijos en ausencia del marido que, sabe Dios, si regresaría.
El primer año no alcanzó para adaptarse a vivir en tiempos de guerra, que en 1915 la ocupación alemana llegó a aquella ciudad. Hasta finalizar la guerra, la familia Trione vivió entre el 2° piso de la casa y el sótano, sitio donde debieron refugiarse de los bombardeos al sonar la sirena cada anochecer.
Cuenta Carlos que lloraba cada vez que debían bajar, y que su madre le tapaba la boca para que los soldados no los escuchasen.
Cuenta Carlos que al llegar la ocupación, un día los soldados alemanes allanaron el negocio de frutas, vinos y licores de su familia -en la planta baja de la casa-, emborrachándose y dejando todo destruido.
Cuenta Carlos que un buen día, cuando el ejército italiano volvió a conquistar las calles de su nación, él vio a una columna desplazarse por Génova y, convencido que entre ella encontraría a su padre, los siguió durante horas, mientras su mamá no hallaba consuelo por su desaparición.
Carlos volvió de la mano de un buen vecino, y su padre también regreso -con el grado de sargento- de la mano de Dios. La guerra había concluido.

El regreso

Los Trione volvieron a cerrar aquella casa, tal como cuando emigraran años antes a la Argentina -Antonia había nacido en Italia-; se embarcaron otro mes, tocaron suelo rioplatense y dieron más hijos a nuestra tierra, los hermanos menores de Carlos.
Una vez instalados, inscribieron a Carlos en el Colegio San Juan Evangelista en esta Capital. Allí sus compañeros lo llamaban "el italianito" porque había olvidado su castellano natal en esos años en suelo bélico.
Seis años con los padres salesianos lo llevaron a querer ser cura, pero su madre, de sabios consejos, le dijo: "Primero crecé y después decidí".
Hoy Carlos tiene dos hijas, Susana y María Graciela, tres nietos de apellido Rey -vale aclararlo dado el cariño con el que habló de su yerno, el médico-. Susana es doctora en Matemáticas, profesora titular de una cátedra en la facultad e investigadora del CONICET; María Graciela es socióloga y psicóloga y atiende en su consultorio. Los nietos eligieron sus propias carreras y destinos: Javier es director de cine y vive en Suiza con su esposa. El otro Rey -Federico- es músico, pianista, tiene un grupo de jazz y vive con su pareja. Y María Florencia acaba de recibirse de licenciada en Publicidad.
Será que todos los caminos conducen aquí, y la vida misma vuelve a sus orígenes, que los Trione continúan dándole al ámbito publicitario más de lo suyo.

Gabriela Laino