DESDE LAS FOTOS DE BODA

Al rescate de la identidad

Abel Alexander es fotógrafo, investigador y coleccionista, e integrante de la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía. En la localidad bonaerense de San Miguel trabaja su Museo Fotográfico y Archivo Histórico Adolfo Alexander. Hace pocos meses expuso en la Galería del Teatro San Martín su colección de fotos de boda tomadas entre los años 1860 y 1960. Una muestra fiel del evento más importante para la vida de dos personas, y nada menos que el momento de fundación de la familia en su forma más típica. Alexander posee una colección mucho más amplia y abarcativa de distintas temáticas, proveniente muchas veces del cirujeo. Este historiador de la imagen fomenta desde la Sociedad Iberoamericana Congresos de fotografía y diversas exposiciones, que documentan el paso de nuestra historia.

La búsqueda de la identidad nacional es también la búsqueda de la conformación familiar como unidad primera de la sociedad, tal como se ve reflejado en las fotos de boda. Pocas veces, un visitante distraído tiene la oportunidad de repasar ejemplos de su propia historia, de la de sus padres o quizás abuelos. Y encontrarse con sutiles y no tan sutiles diferencias en el evento -soñado desde siempre para la mayoría de las mujeres- que es en sí mismo la constitución de la familia, tal como lo afirma Alexander. Aún pueden verse en las imágenes monocromáticas, en negro o sepia, vestidos a la usanza de las divas de Rodolfo Valentino, favorecedores trajes a medida para los hombres, sombreros y coronas con tules, bordados o flores, largos y finos bigotes. Vestidos de novia color negro, y hasta minifaldas, ya en los últimos años del periodo abarcado por la muestra. Rastros de otras épocas que también son nuestras, muestran al hombre sentado delante, como todo un terrateniente, mientras la novia lo respalda parada un paso atrás. Caritas asustadas por tremendo cambio de vida, muchas veces obligada desde los mayores, y desde ya "para toda la vida". Saltando del papel a nuestras ojos, esos retratos se constituyen parte de la huella mnémica de la identidad nacional, tan poco afirmada desde modernas imágenes globalizantes o totalizadoras, que muchas veces intentan despojarnos del ser colectivo, de nuestra argentinidad. La tarea, si quiere realizarse, es sencilla, y no precisamente nostálgica -aunque en el proceso despierte cierta melancolía-: tomar pedazos fotográficos del pasado familiar para reconstruir un trayecto que va desde nuestro lugar en el árbol genealógico familiar, hasta la recuperación de la identidad social aunque más no sea como una utopía. Un buen ejercicio para armonizar con las exigencias de mimetización a la que nos invita la era de la conectividad.

Las firmas

Las fotos de la muestra tienen la firma de sus creadores, muchas veces fotógrafos reconocidos y otras apenas iniciados en la profesión que, en ese entonces, era un extraño oficio. Claro que esa firma, si la foto tenía una buena combinación de técnica, escenografía y una lograda pose, podría significar trabajo asegurado. La fotografía, tan distante a la actual, era un gran lujo para cualquiera, aún para los adinerados. Pero el recuerdo, tal las exigencias sociales de la época, era tan importante que el ahorro y la inversión bien lo valían. Apenas finalizada la ceremonia de bodas, los novios solían dirigirse a los estudios fotográficos para dejar plasmado el evento. Lo estudios más importantes estaban en Buenos Aires, como el de Witcomb o el de Bixio y Castiglioni, o el del propio Adolfo Alexander, ancestro de Abel cinco generaciones atrás. En Rosario, George Alfeld, y en Santa Fe Pedro Tappa eran muy visitados. Bernardino Pascale, Miguel de Santi y Kraft y Kitzler también supieron retratar el gran momento de las parejas argentinas. Todos ellos se esmeraban en el oficio. Desde 1860 los estudios fotográficos se volcaron a las fotografía de boda, convirtiéndola en la expresión técnica y artística más importante de la década. También era la fotografía más cara. Demandaba espacios con finos muebles para el retrato, tanto como una escenografía -o varias- de mucho detalle; con lujosos cortinados, o telones pintados usados como fondo de la foto; y con iluminación especial para darle ambiente a la escena. Es que ese recuerdo debería durar para toda la vida, como el mismo matrimonio. Aunque los novios jamás imaginaron que muchos años después, esas fotos estarían formando parte de una muestra en la que el valor, seguramente distinto, estaría dado por desconocidos.

Lo usos

Abel Alexander, en su mirada historiadora, pudo ver y mostrarnos los cambios en los estilos y las modas. La mujer parada tras su marido, revelando quizás la sociedad patriarcal de entonces, o la rigidez en las miradas de los contrayentes son ejemplos de las transformaciones en las formas permitidas de la sociedad. A la ostentación puesta de manifiesto en los vestidos de novia hacia 1930, le siguió una mayor naturalidad a mediados de siglo, y podríamos decir que culminó -al menos en la muestra- con el "desparpajo" de la minifalda sobre los años 60. Aunque lo que seguramente llamó más la atención a los visitantes de la fotogalería fueron los vestidos de novia color negro, que aparecen entre 1890 y 1930, según refiere Alexander. Es muy posible que esto obedeciera a una moda venida de Italia en aquellos tiempos de inmigración. Otra versión explica que en los casos de familias no adineradas, las mujeres se hacían confeccionar un vestido que luego pudieran usar en ocasiones menos especiales. Pero es muy posible que el negro correspondiera definitivamente al luto de la contrayente, tal como lo manifestó una de las visitantes de la exposición en el cuaderno de comentarios.

Las otras firmas

Alexander tras la visita guiada que él mismo realizó días antes de cerrar la muestra para dar su propia explicación de cada foto de la colección, se dedicó a leer y juntar las notas que sobre el evento salieron publicadas en varios matutinos porteños. Una recopilación más para toda una vida de coleccionista, podría decirse. También se preocupó por pasar en limpio un cuaderno de visitas, y nos dio generosamente una copia de los comentarios firmados de los visitantes. Pensándolo bien éstos son como el aplauso del público hecho palabra escrita, o como una de sus fotos testigo del casamiento de epóca. Aquí citaremos sólo algunos comentarios que reflejan la emoción suscitada por estas fotos de boda, y son una devolución a los atentos y profesionales años de labor de Alexander, un protector del patrimonio nacional. Todo un invite a la memoria.

" Viví los tiempos de mis padres. Gracias por este hermoso revivir. Bellas imágenes que recrean nuestra vista y espíritu. ¡Qué importante trabajo de sensibilidad y conciencia patrimonial! ¡Hermosa perspectiva. Tantos años del mismo suceso transcendente! ¡La boda! ¡Cuántos cambios! ¡Y siempre la misma ilusión! La exposición denota claramente el sufrimiento de las mujeres que no querían casarse, las que sí querían y en pocos casos el amor mutuo. Sólo rostros vestidos, poses y las miserias y alegrías humanas. Genial. Así de rápido pasa la vida. Estos momentos recuperados del olvido son tesoros. Agradezco su cariño y preocupación para que no se olviden. Me encantó ver el paso de las modas y costumbres, desde las novias de negro a las sonrientes de mediados del siglo XX. Se puede observar una excelente muestra y los cambios en las actitudes de hombres y mujeres a través del tiempo. Gracias por este registro vivo de nuestra memoria. Me encontré fascinada, especialmente por el hecho que las fotografías fueron recolectadas por accidente en muchos casos, y no porque las familias las conservaran. "