GESTION EMPRESARIAL

El otro intelecto

No es habitual cuando se habla del término "valor", relacionarlo con algo que no sea medible en cuestión de cifras. Pero el valor es mucho más que números. Los activos intangibles, así se los llama, son un capital tan importante para la gestión de una organización, como los propios resultados contables. De hecho, la rentabilidad y el éxito empresarial en sí mismos, no son nada si no hay detrás una serie de intangibles que los logren. El Capital Intelectual está formado por el Capital Humano, el Relacional y el Estructural. Este grupo de activos intangibles de una organización son los que en conjunto generan valor. Aunque no es común que estos valores se vean reflejados puntualmente en los ejercicios contables, son en definitiva los hacedores de sus resultados; sin dudas, el factor clave del éxito empresarial.

Si intuitivamente nos ponemos a pensar desde nuestra propia empresa -aún si fuera pequeña en estructura- cuál es el factor determinante, enseguida comprendemos que pasa por el progreso y disposición del Capital Humano. En consecuencia, deducimos que el conocimiento, la competencia, los valores y la capacidad innovadora de las personas integrantes de la organización, junto a su capacidad de aprendizaje -es decir, el Capital Humano- son el basamento de los otros dos integrantes del Capital Intelectual. Por lo tanto, mediante el análisis del desempeño de los integrantes de la organización puede determinarse el valor de estos activos y medir su incidencia dentro de la gestión empresarial, tanto como imaginar su desempeño a futuro. Son indicativos del nivel que tiene este intangible, el conocimiento de las áreas de la empresa desde la visión de su plantel interno y el nivel de funcionamiento de las áreas que conforman, analizados en el tiempo y con responsabilidad. Otros estudios que den cuenta del estado de satisfacción de la plantilla de personal y ciertos programas de capacitación que muestren los resultados obtenidos. Cuanto más objetiva y profesional sea el manejo de estas herramientas de medición, más confiables serán para el propio personal y para los agentes externos con que se relacionan, ayudando así a la mejora de la imagen empresarial e intraempresarial.

Consonancia
El Capital Relacional, por su parte, puede entenderse como las formas de relacionarse de la organización con los varios operadores de su contexto externo, entre ellos, los proveedores, distribuidores, competidores, aliados estratégicos y clientes. La fuerza de este activo intangible, es mayor en empresas más dependientes de la relación con sus proveedores o aliados, o que se sustentan en la capacidad de fidelización con sus clientes, en tanto su eficacia empresarial requiere de una comunicación importante con estos actores externos. Hasta acá puede comprenderse la idea general del capital relacional, pero se torna dificultoso pensarlo en términos de medición. Es la capacidad de los directivos y su adecuada utilización de herramientas del marketing relacional lo que marca el alcance de cada tipo de relación según su gravitación en el desempeño empresarial. En cuanto al Capital Estructural -entendido como los sistemas de comunicación, la tecnología utilizada, los sistemas de gestión y control, y demás software propio -entre otros-, podemos decir que está por sobre las personas que integran la empresa. De manera que su permanencia en la organización es anterior a la de quienes lo utilizan y hasta de aquellos que le dieron vida a los propios elementos estructurales. Ello manifiesta la necesidad de su constante actualización y adaptación a los requerimientos que permitan la mejora continua de la eficacia empresarial. Por eso mismo está en la alta dirigencia pensar en la sustitución contingente de los componentes del capital estructural, para que la organización continúe trabajando en forma normal. Es por tanto un componente estratégico de la organización.

Aunque pueda ser fácil distinguir los componentes del Capital Intelectual, comprender su importancia en el proceso de gestión empresarial no lo es tanto, y mucho menos hallar formas de traducirlos en términos que marquen el desenvolvimiento empresarial entendido en su concepción clásica, en cifras concretas. Pero ninguna de estas observaciones impide reconocer el valor que estos intangibles le dan a la organización. Sería impensado hallar una empresa sin una estructura que sobreviva a los cambios en el personal, una que no crezca a la par de su gente, una que no esté atenta a las relaciones con el entorno y la competencia. Siquiera si la empresa posee una estructura pyme o si es una institución con fines altruistas, por tomar algún ejemplo, escapa a esta realidad. Por lo pronto, a estas alturas podemos reconocer la dependencia del Capital Intelectual en la obtención de resultados económicos, y la importancia de profundizar nuestros conocimientos y herramientas sobre ellas para que la generación de valor no sea algo fortuito en la gestión empresarial.